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El cordobés Santos Benigno “Falucho” Laciar, tricampeón mundial de boxeo en la década de los ochenta, pasó por «Ciudad de Dios» y repasó emocionado su profundo vínculo con Diego Armando Maradona, con quien compartió un imborrable combate de exhibición.
Nacido en Huinca Renancó y elegido tres veces deportista del año en Argentina, el ídolo del boxeo recordó en detalle el histórico evento de abril de 1996 en el Club General Paz Juniors de la ciudad de Córdoba, donde compartió ring con el genio del fútbol mundial.
En la entrevista conducida por Adrián Ambasch para 351 Deportes, Laciar rememoró los inicios de la amistad con el Barrilete Cósmico, las insólitas negociaciones previas, la tormenta que casi obliga a suspender todo y la calidez humana de Diego, que desafió a su técnico Carlos Bilardo para cumplir su promesa con el boxeador cordobés.
El programa especial llegó al público en un momento cargado de simbolismo, ya que fue presentado en «el Mes del Diego», evento realizado en Córdoba para celebrar a «Pelusa», en este caso a 66 años de su nacimiento. En esa misma jornada, el episodio con Falucho también quedó disponible en el canal de YouTube de 351 Deportes.
EL ORIGEN DE LA AMISTAD Y LA INSISTENCIA DEL DIEZ
La relación entre ambas leyendas comenzó cuando Maradona jugaba en Argentinos Juniors y Falucho ya ostentaba el título de campeón del mundo, a principios de los años ochenta. En aquellos primeros encuentros, Diego le presentó a sus padres, Doña Tota y Don Diego, y también a alguno de sus hermanos, para forjar una cercanía que perduraría a lo largo de las décadas.
Con el tiempo surgió el deseo de subir juntos al ring. Ante la insistencia de Maradona, Laciar le aclaró que no podían realizar un combate formal por la diferencia de categoría. Pero D10s insistió e insistió. Y lo consiguió.
–Contanos cómo surge esa idea de pelear con él.
–Surgió porque él decía que le gustaría pelear conmigo. Yo le expliqué que no éramos de la misma categoría y que, además, había que hacer mucho papeleo. Entonces me dijo: “¡Te cagás un poco!”. Le aclaré que era un tema de trámites y que, en todo caso, debía ser una exhibición. Y él insistía: “Bueno, pero tenemos que hacer la exhibición. ¡No te cagués, dame ese gusto!”.
Finalmente, ambos acordaron organizar una pelea de exhibición una vez que Maradona regresó a Boca a mediados de los noventa.
El proyecto tomó forma definitiva gracias a las gestiones que incluyeron a Pablo Dalla Nora, Guillermo Coppola y Carlos Tello, entre otros.
LA ODISEA DEL VIAJE, LA TORMENTA Y LA NEGATIVA A BILARDO
El día programado para el espectáculo, un diluvio afectó a gran parte del país y paralizó los vuelos en el aeropuerto Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires.
Ante la incertidumbre, Maradona exigió hablar directamente con el comandante del avión. “¿Es cierto que no se puede salir o ustedes no quieren salir? Yo tengo que ir a Córdoba”, dijo con firmeza. Ante la insistencia del Diez, el piloto garantizó la partida una hora después.
–¿Boca lo autorizaba? ¿Bilardo lo dejaba?
–No, Bilardo no lo dejaba, pero Diego dijo que venía igual. No lo dejaba porque jugaban ese fin de semana y estaban concentrados para un partido decisivo del campeonato. Diego sostuvo: “Yo ya di mi palabra y tengo que cumplir”. Se vino igual y Guillermo Coppola lo acompañó porque sabía que iba a hacer lo que quería.
–¿Bilardo habló con vos en algún momento?
–Sí, Bilardo habló conmigo cuando Diego ya estaba en Córdoba para pedirme que lo pusiera en un avión de regreso ni bien terminara el evento. Le dije: “Escúcheme, voy a intentar hacerlo, pero usted sabe mejor que yo lo que es estar al lado de Diego o manejarlo”. Después me llamaba Bilardo preocupado, pero Diego se fue a un baile.
UNA NOCHE INOLVIDABLE EN JUNIORS
Pese al temporal que inundaba las calles, el público colmó las tribunas del Club General Paz Juniors. Al ritmo de Trulalá y Manolo Cánovas, la entrada a la cancha fue una fiesta absoluta.
–¿Cómo fue cuando ya estaban acá en Juniors? Imagino un lugar lleno de gente, gente que quería estar cerca de él. ¿Cómo estaba Diego?
–Él estaba feliz, muy contento. Él quería hacer muchas más cosas de las que se podían hacer. Si era posible, quería salir a abrazar a la gente, pero las autoridades no se lo permitían, porque obviamente la gente se abalanzaba sobre él. La gente quería la foto o darle un abrazo. Él estaba totalmente abierto. Es como que Córdoba a le venía espectacular a él.
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Cuando se pusieron los guantes, entre risas Diego le advirtió: “Ojo que yo trabajo firme”.
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–¿Cómo pegaba Diego? ¿Tenía buenos golpes?
–Yo le dije: “Tirá vos, vos tirá”. Él me tiraba a pegar, y yo lo podía tratar de tapar o esquivar. Y cuando yo lo tocaba a él, obviamente sabía la potencia que podía llevar el golpe. Diego no tiraba golpes a ciegas. Sabía perfectamente lo que hacía. Revoleaba las manos con técnica y cuando trabajábamos cuerpo a cuerpo entendía la situación. Era una exhibición recreativa, pero conocía el oficio.
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El espectáculo incluyó momentos desopilantes: en el tercer round, tanto Falucho como Diego le propinaron golpes en broma al árbitro Miguel del Sel, integrante del popular trío cómico Midachi, porque se interponía demasiado en el combate. En una producción de «Ciudad de Dios», Del Sel grabó un video recordando aquella noche de 1996 en Córdoba: a ese fragmento, Laciar lo observó con una amplia sonrisa, en compañía de Adrián Ambasch.
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En las grabaciones de archivo, Maradona expresa su orgullo por rendirle homenaje a Falucho y cumplir el sueño de subir al ring con él. “Es un verdadero honor y una gran responsabilidad pelear contra Falucho. Sé que él tenía un poco de miedo antes de enfrentarme, ja”, dijo el Diez entre risas. “Creo que es muy lindo hacerle un homenaje en vida a la gente que realmente nos hizo muy felices a todos los argentinos. Yo viví 10 años afuera y donde iba era el sudaca o el argentino de mierda. Y cuando volví, le prometí a mi mujer recorrer todo mi país. Lo hago con total felicidad, porque somos argentinos que luchamos y nos merecemos un lugar en el mundo”, completó.
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Años después, en 2014, ambas figuras volvieron a cruzarse en un partido a beneficio en Río Tercero junto a Oscar Dertycia y Daniel “Miliki” Jiménez, donde Falucho y el Cocayo se dieron el gusto de tirarle un caño a Diego en una cancha reducida.
EL LEGADO HUMANO DE UN HERMANO DEL CORAZÓN
Más allá de lo deportivo, Laciar valoró enormemente la faceta íntima del astro y el amor de su entorno familiar.
–¿Qué momentos o qué ámbitos compartieron con Diego? ¿Dónde se encontraban?
–Nos comunicábamos por teléfono o cuando él venía al país. Charlábamos cuando yo iba a Capital o cuando él estaba en Córdoba o Rosario. Comí con los padres de Diego, que eran personas extremadamente humildes. ¡Un amor de gente! Y también tuve oportunidad de compartir charlas con Claudia y con sus hijas.
–¿Cómo era ser Maradona?
–Es inimaginable. Nosotros (por él mismo) logramos tres campeonatos mundiales, pero nada alcanza para dimensionar lo que significaba Diego para la gente. Yo hablo del hombre, no sólo del deportista. Fue muy fuerte todo lo que generó. La gente a veces juzgaba su vida personal, ¡pero esa era su vida! No tenía por qué meterme. Era muy difícil estar en sus zapatos y alcanzar lo que él alcanzó.
–¿Qué significó para vos tener la amistad de Maradona? ¿Qué significa haber sido su amigo?
–Significa algo muy grande y un respeto enorme. Lo de Diego ocupa un casillero distinto. Es como un hermano o un hijo, alguien a quien uno siente de otra manera en la mente y en el corazón. Fue un apasionado absoluto del deporte, no sólo del fútbol.
–¿Y cómo te pegó su partida?
–Hasta el día de hoy no me cierra la forma en que se fue. No entiendo nada de lo que pasó y Diego no lo merecía para nada. Más allá de lo que explicaron los médicos, no me entra en la cabeza.
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“Estoy contento, porque cumplí uno de mis sueños: tirarle unas trompadas a Falucho y sentirme muy bien arriba de un ring. Como jugador de fútbol, me siento feliz cada vez que me hacen participar de un homenaje a gente que realmente hizo feliz a mi país”, dijo Diego en las imágenes de archivo.
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–¿Qué fue Maradona en tu vida?
–Fue y es un grosso. Nunca pensé que se podía dar una amistad así con él. Ocupa un lugar muy grande en mi cabeza y en mi corazón, y lo tendré ahí hasta que me toque partir.
–Cada vez que hablás de Diego, la emoción te sacude muy fuerte.
–Fuera de mi familia, no ha pasado otra persona que ocupe tanto lugar en mi mente y en mi corazón como él.
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“Mucha gente no palpó lo que realmente era Diego. Lo respetaré y lo tendré en mi mente hasta que Dios me diga que vaya, y caminemos juntos allá arriba”, dijo el excampeón mundial de boxeo, que ganó el Olimpia de Oro en 1982, 1983 y 1984 y, luego, en 2023, recibió el Olimpia de Brillantes por su fantástica trayectoria deportiva.
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