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Mario Milanesio, una de las glorias del básquet cordobés y exjugador y exentrenador de Atenas, fue el tercer invitado de «Ciudad de Dios», donde se declaró “maradoniano a full”. En la cancha del Griego, que es como su segundo hogar, el mayor de los hermanos Milanesio rememoró los detalles de tres grandes encuentros que tuvo con Diego Maradona, el ídolo máximo del fútbol mundial, y no dudó en afirmar que haber conocido al Diez y compartir instantes inolvidables con él fueron algunos de los momentos más importantes de su vida.
En «Ciudad de Dios», conducido por Adrián Ambasch para 351 Deportes, Milanesio afirmó que Maradona tenía una magia y un aura incomparables y se mostró tan devoto del Diego que incluso exhibió un tatuaje que se hizo en su pantorrilla derecha en honor al barrilete cósmico.
El Loco Mario narró un encuentro casi inédito, ocurrido en Sevilla, en los años ochenta, cuando estaba allí y supo que la Selección Argentina, campeona del Mundial México 1986, jugaría un amistoso en esa ciudad española. Milanesio logró entrar al hotel y consiguió saludar y sacarse una foto con Maradona, algo que fue, según sus palabras, “como tocar el cielo con las manos”.
Luego, el entrevistado revivió la famosa noche de enero de 1994 en Mar del Plata, durante un partido clave de la Liga Nacional de Básquet entre Atenas y Peñarol. Durante la charla, Milanesio describió cómo planeó una estrategia en los segundos previos al salto inicial, para asegurarse una foto con Diego.
Más adelante, el exjugador y exentrenador de Atenas detalló el tercer cruce con Diego, “el mejor lejos” y el más íntimo: la visita a la Posada del Qenti, en las sierras de Córdoba. Allí, su hermano Marcelo Milanesio le regaló a Diego una camiseta Nike blanca número 9 de Atenas, una prenda que el astro utilizó en múltiples ocasiones.
Además, los diálogos y el carisma de D10s en aquella jornada dejaron impactado a un hombre que, si bien dedicó su vida al básquetbol, es auténtica y plenamente maradoniano.
LO QUE GENERABA MARADONA ERA INCOMPARABLE
“Soy 100 por ciento maradoniano. Diego me marcó mucho en toda su carrera. Éramos contemporáneos, por edades, y viví toda su carrera, desde el traspaso a Boca –también soy hincha de Boca- y todo lo que generó desde su llegada a Europa”, relató Milanesio.
“Las sensaciones de haberlo conocido personalmente son algo impagable. Yo vengo del básquet y vos me decís: ‘¿Te hubiera gustado conocer a Michael Jordan, Magic Johnson, LeBron James? A Magic Johnson tuve la oportunidad de conocerlo y jugar en Córdoba, pero lo que generaba Maradona era incomparable”, agregó.
“Tenía un aura muy especial. Maradona era muy especial. Y no me lo generaron las figuras del básquet. Y eso que ido a finales de la NBA y a partidos de la NBA, pero no me generaban lo que me generaba Maradona”, completó la idea el Loco Mario.
EL PRIMER ENCUENTRO DE MARIO MILANESIO CON MARADONA
“Mi primer contacto con Diego fue cuando me fui a Europa, en el año 1987 o 1988. La Selección Argentina jugaba en Sevilla y yo fui al hotel donde estaban los jugadores. Eran otras épocas, había muy poca seguridad, y entré al hotel como si fuera un huésped. Nadie me frenó”, detalló el exbasquetbolista.
“Cuando entré, estaban todos los jugadores que habían salid campeones en el ’86. Estaban todos en el hall. Cuando bajó Diego, generaba un aura. No sé si otro ser humano puede llegar a tener esa aura. Y ahí compartimos saludos nada más, porque la verdad es que él estaba apurado. Sacamos una foto y nada más”, completó.
—Hoy parece algo imposible. ¿Vos sabías que ibas a poder entrar o decidiste ir a probar y pasaste sin ningún problema?
—Parecía un sueño, porque Argentina había sido campeona en el '86. Maradona ya les había hecho el gol a los ingleses, y vos decís: “Lo tengo acá”. Y te podés sacar una foto y saludarlo. No solamente a Maradona, porque Maradona es sumamente especial, no me voy a cansar de repetirlo, pero estaban todos los otros. Todo el resto de la Selección también. Hoy es difícil acceder a un jugador de fútbol de cualquier nivel. Bueno, cambiaron las épocas, pero por suerte yo tuve la suerte de compartir el momento que te estoy contando.
— ¿Y cómo fue ese momento? Contaste que primero viste a los demás, pero Diego no estaba.
—Todo el mundo quería ver a Maradona. Es como si hoy vas a ver la Selección: todo el mundo espera a Messi. Más allá de la atracción que te genera el resto, la figura es Messi. Bueno, en ese caso era Maradona. Había una distensión muy grande, muy buena, y tuve la suerte o el destino, qué sé yo, de estar ahí. Así que fue una muy buena experiencia.
—En 1988 ya habías sido campeón de la Liga Nacional de Básquet con Atenas, pero me imagino que ellos no sabían quién eras. ¿O sí?
—Nunca se enteraron quién era. Ellos estaban preparándose para el próximo Mundial y no había una difusión tan grande como existe hoy. Era totalmente otra época. Pero eso a mí no me interesó mucho. Yo pude estar ahí y sacarme fotos y saludarlo. Ya era como tocar el cielo con las manos. No hacía falta que ellos conocieran algo mío.
— ¿Qué hiciste al salir del hotel? Para un maradoniano, ¿cómo siguió ese día después de haber estado con Diego?
—No sé cómo explicarlo, pero yo me decía: “Conocí a a Maradona personalmente”. No me importaba nada, era lo que el tipo generaba: una mezcla de sensaciones. Y ya tenía la anécdota de haber estado con él y algún día poder decir: “Sí, yo lo conocí y me saqué una foto con Maradona”.
—Contextualicemos un poco. No era la época de los celulares con los que tirás 200 fotos. Imagino que fuiste con tu camarita, le pediste a alguien que te sacara la foto y después esperaste que esa foto saliera bien.
—Sí, me acuerdo de eso: esas cámaras normales, muy rústicas, muy básica, planita, chiquita. Hicimos revelar el rollo, no sé si al otro día o a los dos días, para ver si había salido todo bien. ¡Y había salido todo bien! De última, me iba a quedar en mi cabeza lo que yo había vivido. Para mí fue muy especial y quien tuvo la oportunidad de conocer a Diego me parece que tiene que haber sentido algo muy parecido.
EL SEGUNDO ENCUENTRO Y LA ESTRATEGIA DE MARIO PARA LA FOTO CON EL DIEGO
El siguiente recuerdo, también imborrable, ocurrió en el histórico partido que Atenas le ganó a Peñarol, en Mar del Plata, en enero de 1994, unos meses antes del Mundial de fútbol de Estados Unidos, el último de Maradona. Todos los ojos del país estaban puestos sobre lo que ocurriría en esa cancha: el Milrayitas llevaba 17 triunfos consecutivos y enfrentaba al máximo ganador en la historia del torneo. Además, era el partido televisado de la fecha. Si hacía falta algún condimento, era la presencia de Maradó. Cartón lleno.
“Hacé de cuenta que se congeló todo. Los árbitros estaban a punto de llamar a jugar y se paró el estadio, se paró el partido. Diego tenía un aura, un carisma, una cosa increíble. La gente lo ovacionaba y el tipo saludó a todos, uno por uno, a cada protagonista, a cada uno de los jugadores les dio la mano mirándolo a la cara. No sé cuántas veces dije la palabra aura, magia, no sé… era un ser tan especial. ¡Bueno, era Diego Maradona!”, relató.
“Hay un dicho que dice: ‘No importa lo que hizo Diego con su vida, sino lo que hizo con la nuestra’. Lo que a mí me marcó es tremendo”, agregó Milanesio.
De manera estratégica, Mario advirtió que el revuelo generado por la llegada de Diego al Superdomo marplatense se tranquilizaría cuando comenzara el juego. “Agarré a Marcelo Figueras, un reconocido fotógrafo, y le pedí que estuviera atento, y le dije: ‘Dos segundos antes de que empiece el partido, yo voy a ir corriendo y me voy a sentar al lado de él. Quiero que vos vengas conmigo y me saques esa foto’. Yo había planeado eso. Entonces, estaba el salto inicial acá y cuando viene el árbitro, acá estaba Maradona…”, explicó Milanesio haciendo señas junto al conductor del programa.
—¿Te le “clavaste” ahí?
—Me clavé ahí y no entendió nada. Me saqué la foto y me volví a la cancha para jugar. Él árbitro y todos se frenaron, porque si largaba, Atenas jugaba con cuatro. ¡Yo estaba ahí y no me iba a perder ese momento!
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«Ciudad de Dios» proyectó, en ese tramo, las imágenes de la transmisión oficial de aquel partido, que incluye las risas de los relatores por la ocurrencia de Mario para sentarse junto a Maradona y dejar inmortalizado el momento en una foto inolvidable.
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—Hay partes de los videos donde se ve que Diego va entrando y primero va Marcelo y le quiere dar un abrazo, después estás vos, hay fotos Diego con Richotti y los jugadores de Peñarol, porque obviamente también era un momento increíble para ellos.
—Yo estaba tan enfocado en lo mío que después no dimensionaba qué pasaba. Yo me saqué mi foto y después no sé, que los otros hagan como quieran. Después, con el tiempo, vi a Richotti. Y muchos jugadores de ellos también, con fotos muy parecidas, en el mismo sector. Se ve que se iban turnando para sacarse la foto con Diego. ¡Pero el que “primereó” fui yo! La primera la foto, no tengo duda, fue la mía. Todas
EL ÚLTIMO, EL MEJOR
“El tercer encuentro fue el mejor, lejos. Maradona vino a la Posada del Qenti a tratar de bajar peso. Sabiendo que estaba en Córdoba y que era una linda oportunidad de ir a saludarlo, Marcelo, mi hermano, se comunicó con Coppola y él le dijo a Diego. Y Maradona que dijo que sí, que nos esperaba con todo gusto. Marcelo capaz que durmió bien, pero yo te puedo asegurar que no dormí bien. Mi cuñado tampoco, porque era muy fanático de Maradona”, explicó Mario.
Al llegar los recibió Guillermo Coppola, representante del Diez, quien les explicó que Maradona había salido a trotar por la montaña y que se estaba duchando. Pocos minutos después, se abrió una puerta y apareció el Diego. Caminaba hacia la playa de estacionamiento en la que estaban los Milanesio.
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En ese tramo de «Ciudad de Dios» se puede ver el video, filmado por el propio Mario con una cámara personal, quien toma las imágenes de los saludos de bienvenida del Diego a toda la familia Milanesio.
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“Ya me estaban temblando las piernas de ver que venía caminando a saludarnos, a compartir un momento. Llegó y nos saludó como si fuéramos amigos de toda la vida, totalmente distendido. Una cosa increíble”, subrayó.
“Hablamos un poquito de todo. Yo había ido con mis dos hijas. Y la más chiquita corrió y había una piedra grande o algún peligro. Y Diego me dice: ‘Fijate, que se puede golpear la nena’. ¡La parte humana que tenía!”, añadió.
Sin embargo, Milanesio se lamentó por un error: quería hacer un “Coca-Cola” con el barrilete cósmico, un típico juego de cabecear la pelota de manera alternada, pero los planes fallaron. “Yo no llevé una pelota pensando que Maradona iba a estar rodeado de pelotas de fútbol, pero no había ni una en toda la Posada”, rememoró.
También recordó que el Diez los invitó a Buenos Aires, para jugar un partidito y compartir un asado en la famosa quinta en la localidad de Moreno, aunque nunca pudieron cumplir con ese plan.
“Sacando el nacimiento de mis hijas, no sé si la situación en el Qenti fue lo más importante de mi vida. ¡Mirá la idolatría y las sensaciones que me genera y me sigue generando Diego!”, remarcó.
—Hay una famosa foto de Diego con una camiseta de Marcelo. ¿Ustedes le llevaron la camiseta para que se la regalara Marcelo?
—Sí, Marcelo le regaló la camiseta. Lo más fuerte es que Maradona debía tener cientos o miles de camisetas de deportistas de todo el planeta. Y a esa camiseta de Marcelo la usó para ir al gimnasio y en privado. “Voy al gimnasio. Me voy a poner ésta, la de Atenas, la 9 de Milanesio”. Es como que le dio valor a eso, porque era de Marcelo. Por supuesto, Marcelo reconoce quién es Maradona, pero no es tan fanático como yo. A mí me marcó de una forma muy fuerte, muy fuerte. Tengo un tatuaje por Maradona. Marcelo no se haría ningún “tattoo” por Maradona. Más allá de eso, fue un momento muy lindo para los dos.
–¿Cómo te pegó el final de Diego? ¿Cómo te afectó?
—Por supuesto, sentí dolor, pero es como que ya nos íbamos preparando para ese momento, porque ya habían pasado cosas feas. Se veía venir, pero no quería que eso sucediera. Me dolió muchísimo, pero cuando pasa algo feo, en cualquier circunstancia de la vida, uno se queda con los mejores momentos vividos con esa persona. O lo que disfrutaste esa persona. Y es la mejor manera de que de recordarlo. Pero el para mí es eterno, y me hubiera gustado disfrutarlo mucho tiempo más.




