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La mañana en el Polo Deportivo Kempes comienza con una energía especial. Cerca de las 9 el movimiento se vuelve constante: mochilas en la espalda, toallas al hombro, gorritas de colores, protector solar y muchas ganas de empezar el día.
Los profes forman un “pasillo de bienvenida”, suena la música, hay aplausos, choques de manos y abrazos que tranquilizan a los más pequeños mientras los padres se despiden con ese beso rápido de “hasta luego”.
Este año, la Escuela de Verano del Polo Deportivo Kempes reúne a más de 300 niños y niñas, con alrededor de 150 asistentes por turno. Además, cerca de 70 participan en doble jornada, lo que habla de la confianza de las familias y del valor que tiene este espacio como lugar de encuentro, contención y diversión.





