
Instituto le ganó a Talleres y Alta Córdoba fue una fiesta
El silbato del final fue un grito de descarga, de esos que se celebran durante varias horas porque llegan después de un partido que parecía encaminado a terminar de otra manera. En una de las últimas acciones, ya en tiempo de descuento, Lucas Passerini, que había ingresado en el segundo tiempo, tomó una pelota dentro del área y definió para marcar el 2-1 definitivo de Belgrano sobre Estudiantes de Río Cuarto.
Cuando parecía que el Pirata debía conformarse con el empate, fue por más. Y encontró el premio en la última parte del partido, cuando el cansancio ya pesaba y cada pelota parecía tener un valor doble. El triunfo no sólo le permitió cortar una racha de cinco partidos sin ganar entre todas las competencias, sino que también le devolvió confianza y le permitió llegar fortalecido a una semana especial: la que desembocará en el clásico cordobés frente a Talleres.
Belgrano necesitaba una victoria de estas características. No sólo por los tres puntos, sino por la manera en que consiguió torcer una historia que durante buena parte de la noche le había sido adversa. El equipo dirigido por Ricardo Zielinski tuvo un primer tiempo apagado, con dificultades para generar juego y encontrar espacios ante un Estudiantes que se plantó con decisión y no dudó en aprovechar cada oportunidad que tuvo.
El León del Imperio había conseguido ponerse en ventaja en el segundo tiempo, cuando parecía que el partido comenzaba a escapársele al local. Garnerone, recién ingresado, aprovechó la primera pelota que tocó y capitalizó un error grosero de González Metilli en el fondo para establecer el 1-0. El golpe fue fuerte para el Pirata, que hasta ese momento no había encontrado la claridad necesaria para transformar su dominio territorial en situaciones concretas.
Estudiantes, que continúa comprometido en la lucha por la permanencia tanto en la tabla de promedios como en la anual, se ilusionaba con llevarse de Alberdi un triunfo importante. Había hecho un partido inteligente durante varios pasajes y encontraba espacios para lastimar. Belgrano, en cambio, debía cambiar rápidamente la imagen que había mostrado durante los primeros 45 minutos.
Y la reacción llegó desde el banco.
El segundo tiempo mostró a otro Belgrano. El ingreso de Passerini le aportó presencia y mayor volumen ofensivo, mientras que Lautaro Gutiérrez también entró para convertirse en una pieza decisiva de la remontada. Con los cambios, el equipo local empezó a jugar más cerca del área rival y a asumir mayores riesgos. También apareció otra versión de Lucas Zelarayán, mucho más influyente con la pelota, con mayor participación en la construcción y con la intención de acelerar cada vez que encontraba un espacio.
A esa sociedad comenzó a sumarse Franco Vázquez, aunque todavía de manera intermitente. Belgrano necesitaba justamente eso: jugadores capaces de romper la monotonía, encontrar una pelota diferente y acelerar un partido que durante el primer tiempo había sido demasiado previsible.
El empate llegó como consecuencia de esa reacción. Lautaro Gutiérrez apareció para marcar el 1-1 y devolverle al Gigante de Alberdi la esperanza de una remontada. A partir de entonces, el partido se transformó en un ida y vuelta emocional. Estudiantes intentaba sostener el resultado y Belgrano, empujado por su gente, iba en busca del segundo.
El Pirata entendió que no podía conformarse. Con el reloj acercándose al final, siguió atacando y acumuló gente en campo contrario. La necesidad de ganar se transformó en empuje y el empuje, finalmente, encontró su recompensa en Passerini.
El delantero, que había saltado al campo en el complemento, apareció en el momento exacto. En una de las últimas acciones del encuentro, recibió la pelota y definió para desatar una celebración que parecía contener todo lo que Belgrano había acumulado durante las últimas semanas. El 2-1 significó mucho más que una remontada: fue el final de una espera de cinco partidos sin triunfos y una inyección anímica justo antes del clásico.
Todavía hubo tiempo para una última intervención de Matías Cardozo. El arquero también terminó convertido en héroe de la noche cuando sacó una pelota que tenía destino de ángulo y la mandó al córner. Fue una atajada determinante, de esas que aparecen cuando un partido está al límite y cualquier detalle puede modificar el resultado. Después de esa acción, Belgrano pudo respirar.
El equipo terminó festejando una victoria trabajada, sufrida y construida desde la reacción. Durante buena parte del encuentro había quedado en deuda con su juego, pero supo cambiar a tiempo y encontró respuestas en sus relevos. Passerini y Gutiérrez fueron determinantes en la remontada, mientras que Zelarayán asumió mayor protagonismo en la generación y Cardozo apareció cuando el partido reclamaba una última defensa.
Del otro lado quedó un Estudiantes que había hecho méritos para sostener la ventaja y que estuvo muy cerca de llevarse un resultado importante de Alberdi. El equipo de Río Cuarto golpeó en el momento justo y durante varios minutos tuvo al Pirata contra las cuerdas. Sin embargo, no logró sostener el resultado y terminó sufriendo una derrota que lo mantiene comprometido en la pelea por la permanencia.
Belgrano, en cambio, se quedó con mucho más que tres puntos. La victoria le permitió ubicarse quinto en su zona y, sobre todo, recuperar una sensación que necesitaba: la de volver a ganar. El festejo tuvo un valor especial porque llegó en el último suspiro, después de haber estado abajo en el marcador y cuando el empate parecía ser el destino inevitable.
Ahora el escenario cambia. El próximo desafío será Talleres, en un partido que tendrá otra temperatura y en el que Belgrano llegará con el envión de una remontada que puede servir como punto de partida. El clásico lo espera con el Pirata nuevamente de pie, después de una noche en Alberdi en la que tuvo que sufrir hasta el final, pero terminó celebrando.





